Aladino y la lámpara maravillosa

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¿Conoces el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa? Cuenta la historia de Aladino que un ladrón se enamora de la princesa más guapa del reino. El cuento de Aladino y la lámpara mágica está extraído de la historia de Aladino y las mil y una noches, un cuento infantil perfecto para contar por las noches y leerla con tus hijos. Los vídeos de cuentos infantiles serán excelentes para que los niños descubran mundos ficticios nunca imaginados.

Cuento de Aladino las mil y una noches

Descubre la historia que esconde el cuento de Aladino las mil y una noches, a los peques les encantará ver y leer este cuento tradicional conociendo la recopilación más célebre de cuentos árabes.

Érase una vez una viuda que vivía con su hijo, Aladino. Un día, un misterioso extranjero ofreció al muchacho una moneda de plata a cambio de un pequeño favor y como eran muy pobres aceptó.
El misterioso extranjero llevó a Aladino hasta la entrada de una cueva y le dijo:
BRUJO: Quiero que entres por esta abertura y me traigas mi vieja lámpara de aceite. Lo haría yo mismo si la entrada no fuera tan estrecha. Pero recuerda, no toques nada más, ¿Me has entendido? Solo la lámpara.
El tono de voz con que el extranjero habló alarmó a Aladino. Por un momento pensó huir, pero cambió de idea al recordar la moneda de plata y toda la comida que su madre podía comprar con ella.
Una vez en el interior, descubrió que la cueva estaba llena de monedas de oro y piedras preciosas. Aladino no pudo evitar coger una moneda, y entonces la cueva se empezó a cerrar. El extranjero, que realmente era un malvado brujo, gritó impaciente:
BRUJO: ¡Lánzame la lámpara!
ALADINO: ¡Primero ayúdame a salir!
Pero, en ese momento, la cueva se cerró, y Aladino quedó atrapado en la oscuridad. Estaba muy asustado pensando que jamás podría salir de allí. Y sin darse cuenta, empezó a frotar la lámpara que llevaba en las manos.
De repente, la cueva se iluminó con una intensa luz y un gran genio apareció.
GENIO: Soy el genio de la lámpara, y ahora tú eres mi señor. Te concederé todo lo que me pidas, pero recuerda que solo tienes tres deseos.
ALADINO: Quiero que me saques de esta cueva.
Y el genio le concedió su primer deseo.
Un día, Aladino estaba paseando por el mercado, cuando vio a la hermosa hija del Sultán y, al instante, se enamoró de ella.
Cuando llegó a casa se lo contó a su madre que, rápidamente, se dirigió al palacio para pedirle que permitiera a su hijo casarse con la princesa. Pero el Sultán le contestó:
SULTÁN: ¿Cómo puedo saber si tu hijo es lo suficientemente rico como para velar por el bienestar de mi hija? Dile a Aladino que, para demostrar su riqueza debe enviarme cuarenta caballos de pura sangre cargados con cuarenta cofres llenos de piedras preciosas y cuarenta guerreros para escoltarlos.
Cuando regresó a casa y le contó a Aladino todo lo que había pedido el Sultán. Aladino decidió gastar su segundo deseo. Y el genio se lo concedió. Aladino parecía un grandioso príncipe.
ALADINO: ¡Al palacio del Sultán!
Y todos se pusieron en marcha.
Cuando llegaron al Palacio, el Sultán estaba muy contento con todos los regalos y muy feliz dijo:
SULTAN: Te dejaré que te cases con mi hija, y viviréis en el palacio real conmigo.
Y así pasaron los días, mientras la pareja vivía feliz y muy enamorada.
Un día, el malvado brujo regresó a la ciudad dispuesto a recuperar su lámpara, y disfrazado de mercader gritaba:
BRUJO: ¡Cambio lámparas viejas por nuevas!
La hija del Sultán, que no sabía nada del genio que vivía en la lámpara de Aladino, se la entregó al mercader. Al reconocer su lámpara, el brujo la frotó y ordenó al genio que desterrara a Aladino de la ciudad. Y el genio, que no podía negarse, le concedió el deseo.
BRUJO: Ahora serás mi mujer, y yo gobernaré esta ciudad (risa maligna)
Pasaron los días, y Aladino consiguió llegar de nuevo a la ciudad. Cuando entró al palacio, se acercó a su mujer, que estaba muy triste desde la desaparición de Aladino, y pensaron en un plan para terminar con el brujo.
Decidieron ponerle unas gotas de veneno en su vaso de vino. Y cuando el malvado brujo se lo tomó, cayó al suelo.
En ese momento, Aladino frotó de nuevo la lámpara y pidió su tercer deseo: Liberar al genio de la lámpara y encerrar en ella al brujo.
Y así fue como todos vivieron felices, menos el malvado brujo que se quedó encerrado en la lámpara para siempre.